jueves, 29 de octubre de 2009

El piloto y la tercera vía.

Antes de empezar este artículo voy a recordar un par de datos para poner en situación a aquellos que no tengan fuerzas ni ganas de leerse las farragosas entradas anteriores. Recientemente el MSPS ha lanzado un proyecto piloto para determinar la mejor opción (RFID o Datamatrix) de marcaje de las unidades de productos farmacéuticos. Éste sería el punto de partida para la implantación de un sistema de trazabilidad de medicamentos a lo largo de la cadena de producción – distribución y dispensación en España.

Personalmente participé en la preparación de la solución técnica ofertada por una de las empresas que se presentaban al proyecto y en el curso de este trabajo extraje algunas conclusiones que me gustaría exponer a continuación.

Aunque la pregunta clave del proyecto es simple ¿RFID o Datamatrix? La respuesta, por el contrario, no es tan sencilla.

Partamos de la base de que, técnicamente y si no existieran factores económicos, ambas opciones serían viables. De que con la suficiente inversión y si no importara el impacto en la productividad de los procesos, la implantación de un sistema de trazabilidad sería posible con Datamatrix o con RFID.

En el mundo real, por desgracia, las condiciones son totalmente distintas y el impacto negativo o positivo que pueda suponer la implantación de uno u otro sistema deberá ser cuidadosamente considerado.

En este sentido, el piloto debería buscar las variables que, dependiendo de la tecnología de marcaje y lectura, influyan en los costes, la productividad, la calidad, la seguridad y por supuesto, los resultados obtenidos. Dichas variables deberían ser ponderadas en función de su grado de impacto, homogeneizadas en base a una unidad común (normalmente en términos económicos) y aplicadas a ambos sistemas para obtener una valoración global.

El éxito del proyecto se medirá por la idoneidad de las variables elegidas, la definición del entorno para su medición y los criterios para su evaluación individual y colectiva.

Sin embargo ¿Se considerará suficiente está respuesta? ¿Bastará con decir que uno de los sistemas de marcaje es mejor que el otro para impulsar definitivamente el sistema de trazabilidad? Claramente, esto sólo sucederá en el caso de que las evidencias sean aplastantes a favor del ganador y además se demuestra que su aplicación en cada uno de los agentes (laboratorios, distribuidores y oficinas de farmacia) será viable y el impacto mínimo.

Esto no es tan sencillo. Para empezar, el piloto se va a realizar sobre una muestra del sector que debe ser representativa tanto de los agentes como de los productos a los que posteriormente se aplicaría el sistema de trazabilidad. Éste trabajo de determinación de la muestra está encuadrado en la primera fase del piloto junto con el diseño de las instalaciones y las pruebas a llevar a cabo y debe estar concluido a mediados de Diciembre. Parece un plazo a todas luces corto (incluso contando con los previsibles retrasos) para contar con una radiografía fiel del sector y del conjunto de productos farmacéuticos que, recordemos, debe servir de base para la posterior validación de los resultados. No es imposible, pero será difícil y requerirá una participación muy activa y comprometida por parte de los representantes de los agentes (Farmaindustria, Fedifar, CGCOF) y las AAPP.

El hecho de que la base sobre la que se cimenten los resultados corra el riesgo de no ser muy sólida no es, sin embargo, tan preocupante como que, conocidos los complejos procesos productivos desarrollados en los fabricantes y la distribución, no se adivina un sistema de marcaje que sea notablemente mejor para ambos casos. Al contrario, Datamatrix parece ser más apropiado en uno de los escenarios mientras que RFID lo sería en el otro. Esto implica que, muy posiblemente, los resultados del piloto no ofrecerán esa abrumadora superioridad de una de las tecnologías a examen que necesita el proyecto.

¿Significa esto que el piloto sea inútil desde el principio? No, claro que no. Sólo si se plantea exclusivamente como un medio para determinar una tecnología de marcaje. Para empezar servirá para resolver un gran número de problemas técnicos que se presentarán cuando se quiera implantar el sistema de trazabilidad y proporcionará una imagen mucho más clara de las dificultades que se van a plantear en ese desarrollo. Permitirá estimar de manera más ajustada los costes y los plazos necesarios y dará una base técnica para futuros debates sobre las características del mencionado sistema.

Además, si se orienta adecuadamente el proyecto y se busca, no una panacea tecnológica, sino resolver de forma paulatina los problemas que puedan surgir de la implantación de las operaciones de trazabilidad en los distintos agentes, es posible que se llegue a una solución menos lineal que la planteada inicialmente pero mucho más satisfactoria en términos de resultados, costes y productividad. Recurriendo al símil político, llamémosla “la tercera vía” y ya iremos hablando de ella.

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